Lección 250 Sean fieles al Espiritu de Dios
Leccion Numero
Lección
No. 250
Sean fieles al Espiritu de Dios
1. El Padre, en lo antiguo, habló por los profetas, con el soplo bendito de su Espíritu.
Nadie lo vio; porque el Espíritu de Dios nadie lo ve. Invisible es.
2. La revelación de Dios, dada en lo antiguo, por los profetas, con el soplo vivo del Espíritu de Dios, creó la Ley. Esa es su Palabra, dada en custodia al Magisterio de la Iglesia.
3. La Palabra de Dios fue conservada. Ella es inalterable; porque esencia es de Dios. Ella es Él, manifestado en una expresión ostensible de su amor. Pero la Palabra es espíritu y como a tal, nadie la ve.
4. El Espíritu se siente. Al Espíritu nadie lo ve.
Si la Palabra de Dios es Espíritu de Dios, se la siente, no se la ve.
5. En lo antiguo nadie vio a Dios, no obstante la revelación de Dios a través de los profetas.
6. María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, tuvo fe, creyó, confió, esperó y vivió la Palabra de Dios en plenitud. Dios se manifestó, en Ella, plenamente, por lo mismo.
7. En lo antiguo, los hombres dividieron del texto el espíritu de la Ley.
Se quedaron con el texto, ciñendo a él, todos sus criterios y desecharon el espíritu. De ahí el celo en el cumplimiento de las ritualidades y la nula interiorización.
8. Dios vio a María Santísima, y la hizo como los profetas, para revelar a a través de Ella, la misma Palabra; pero, encarnada.
En Ella, Jesucristo, es la misma Palabra, pero encarnada.
9. Jesucristo es la Palabra revelada, por Dios Padre, con el concurso de Dios Espíritu Santo, a través del vientre inmaculado y profético de María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen.
Él es el Verbo encarnado y Uno es, con el Padre y con el Espíritu Santo, en el Misterio de la Santísima Trinidad.
10. En Jesucristo, que es la Palabra de Dios revelada al hombre, por Dios Padre, con el concurso del Espíritu Santo, a través del vientre profético de María Santísima, Dios es visible.
Quien ve a Jesucristo, ve al Padre y al Espíritu Santo; porque los Tres, son Uno, un solo y único Dios en el Misterio de la Santísima Trinidad.
11. Jesucristo (verdadera Palabra de Dios verdarero) no anuló la Palabra revelada y dada en lo antiguo. La confirmó y la confirma.
12. Es querer de Dios Padre que el hombre cumpla su voluntad, para que sea feliz. Eso es: redimido. Para que recobre el estado en el que fue creado y que perdió por el primer pecado.
13. La Palabra de Dios revelada y dada, a través de los profetas, contiene este propósito.
Dios quiere qie el hombre sea santificado y que sea perfeccionado, en orden a su felicidad. Esto es: que el hombre de modo individual, reciba, viva y dé a Dios.
Tal es el espíritu de la Ley dada y revelada en la Palabra de Dios a través de los profetas.
14. El hombre desoyó el Espíritu de la Palabra de Dios y se quedó con el texto y con los ritos.
15. Dios, para darle eficacia a su plan de salvar al hombre, concibió, creó y utilizó a un profeta mayor: María Santísima.
Su profesía es Jesucristo, la Palabra visible del Dios invisible.
16. Jesucristo es la misma Palabra de Dios, invisible en el Antiguo Testamento y visible en el Nuevo.
17. Jesucristo es Dios, engendrado, no creado, esto es, profetizado por Dios a través del vientre inmaculado y profético de María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen.
18. Jesucristo, por ser la verdadera Palabra de Dios, no contradice en nada a la misma Palabra revelada en lo antiguo, al modo antiguo, esto es, espiritual y no encarnado.
19. Jesucristo, verdadera y única Palabra del Dios verdadero, al revelarse, encarnado, a través de María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, se constituye en el Pan vivo y Pan de vida, para ser comido, esto es: recibido como único medio de redención o salvación.
20. "Quien come mi Cuerpo y bebe mi Sangre, ese tendrá vida y vida eterna".
Esta será la clave del mandamiento nuevo, contenido en el mandamiento de la unidad y del amor.
21. Comer o recibir a Jesucristo será la clave esencial, por tanto, de la redención, que es fruto de la Nueva Alianza.
22. No se podrá comer o recibir a Jesucristo, el Salvador Resucitado, sin la capacidad necesaria para hacerlo. Esto es: sin limpieza y sin libertad morales o sea, sin virginidad.
23. Esa clave, misterio o secreto revelado, está contenida implícitamente en el Antiguo Testamento y de modo explícito en el Nuevo.
En el Antiguo, cuando se promete, que el Salvador debe nacer de una virgen; esto es, de una mujer inmaculada, pura, limpia y libre moral, espiritual y corporalmente. Esto es: plenamente virgen.
Y en el Nuevo, cuando se establece el sacramento de la reconciliación.
24. Aunque todo está escrito y todo está revelado y está dado, incluso la redención, el hombre hace ineficaz el plan, querer y voluntad de Dios, con su manera o estilo de ser y hacer.
"No basta decir: Señor, Señor... es preciso vivir".
25. No se vive si no se tiene y no se tiene si no se recibe.
26. A Dios no se lo recibe si no se es virgen, como María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen.
27. La Antigua Alianza y la Nueva Alianza están vivas en las Sagradas Escrituras. En el Antiguo y en el Nuevo Testamento.
28. La clave, en la una y en la otra, es la Palabra de Dios.
29. La Palabra de Dios es Jesucristo. Por eso es única y es una.
Por eso, Jesucristo, única y verdadera Palabra de Dios, no abrogó la Ley y los profetas, a través de quienes fue pronunciada, como Él, a través del vientre profético y sin mancha de María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen.
30. La Palabra está escrita . Es invisible en el Antiguo Testamento, como solo espíritu, y visible en el Nuevo, como encarnada en el vientre de María Santísima.
Es la misma.
31. El fin de la Palabra es ser vivida. Esto es: comida; para ser asimilada.
32. Esto está claro en las Sagradas Escrituras. Está claro en el depósito dogmático y magisterial dado a la Iglesia verdadera. Pero, como en lo antiguo, se torna ineficaz por el modo de llevarlo a la práctica, en cada creatura.
33. El plan amoroso de Dios, en esta hora, es hacer eficaz el espíritu de la Palabra mediante el uso adecuado de la misma.
¿Cómo?
El secreto está dado con amorosa paciencia en el Seminario "María Señal de Jescristo":
-Sean vírgenes; para recibir, vivir y dar a Jesucristo, el Salvador resucitado, en orden a la Cristofinalización. O sea: aceptar, vivir y proclamar el Señorío de Jesucristo, el Salvador resucitado, verdadero Dios y hombre verdadero.
34. El mejor homenaje, por tanto, que se le puede hacer a María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, en el día de su exaltación es hacer operante este Seminario, encarando su finalidad, con seriedad, con humildad y persistencia.
35. Sean vírgenes.
Hagan virgen a la Iglesia verdadera con la virginidad individual de cada uno de sus fieles: pastores, presbíteros, religiosos y seglares.
Hagan virgen al mundo con la virginidad de la Iglesia verdadera, por la virginidad de ustedes.
Hagan virgen la familia.
Hagan virgen el trabajo.
Sean ustedes vírgenes.
Para eso: examínense a fondo.
Aséense a fondo.
Báñense, a la luz del Espíritu de Dios, en las piscinas naturales de la gracia.
36. Confiésense. Confiénsense. Confiésense.
37. Oren, oren, oren...
Oren siempre.
Sean oración.
38. Imiten a María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen.
