Lección 310
Leccion Numero
Lección
No. 310
1. Ustedes son un solo cuerpo, con una sola cabeza y con un solo espíritu.
2. El cuerpo de ustedes, como familia y como pueblo, es la Iglesia.
3. La cabeza de ustedes, en la Iglesia, como familia y como pueblo, es Jesucristo.
4. El espíritu de ustedes, en la Iglesia, como familia y como pueblo, es el Espíritu Santo.
5. El Espíritu Santo los unifica y cohesiona, como familia y como pueblo, en el cuerpo místicamente real de Jesucristo.
6. La unidad de ustedes, en la Iglesia, como familia y como pueblo, se hace en Jesucristo, con quien el Padre y el Espíritu Santo son un solo y único, real y verdadero Dios, en el Misterio de la Santísima Trinidad.
7. Jesucristo, cuerpo y cabeza de la Iglesia verdadera, católica, apostólica, romana, está representado, visiblemente en la persona de Pedro, cabeza visible de la Iglesia verdadera.
8. Pedro era pecador, fatuo, soberbio y tornadizo, como todos ustedes.
9. Jesucristo, el Salvador resucitado, verdadero Dios y hombre verdadero, escogió a Pedro, como su representante y sucesor visible, no obstante sus defectos y pecados; porque con él y a través de él, quería garantizarles la unidad en su Iglesia verdadera.
10. El Papa y los obispos, pecadores como Pedro y como ustedes, son sucesores visibles de Pedro, en orden a la conservación de la unidad dentro de la Iglesia verdadera.
11. En la Iglesia verdadera, quien mantiene la unidad no son ni Pedro, ni el Papa, ni los obispos, por ellos; sino Jesucristo a través de ellos y con ellos.
12. No reparen, pues, ni en la condición de Pedro, ni en la del Papa y los obispos, como ellos, sino en la presencia misteriosa y real de Jesucristo en ellos, quien, siendo Uno, hace la unidad, a través de ellos y según su voluntad, criterio y beneplácito.
13. Ustedes, los miembros de esta Orden nueva, novísima y novedosa de los esclavos de la Esclava de Dios sean uno y, como tales, testifiquen la unidad.
Vívanla.
Practíquenla.
Predíquenla.
14. Sean testigos y testimonios vivientes de unidad dentro de la Iglesia verdadera, católica, apostólica, romana y en el mundo y tiempo en los que viven.
15. Sean uno, como uno son el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, en el misterio de la Santísima Trinidad.
16. Para ser uno, sean vírgenes.
17. Vivan, practiquen y proclamen la virginidad.
18. La virginidad les permite recibir, vivir y dar a Jesucristo, el Salvador resucitado, verdadero Dios y hombre verdadero.
19. Si tienen a Dios, son como Él; porque Él los hace partícipes de lo que es suyo:
Unidad,
Amor.
Verdad y
Vida.
En consecuencia uno son y hacen la unidad. Esto es: son uno en ustedes o idénticos y crean, en consecuencia, ambientes de unidad.
20. La unidad los hace justos y libres y, a la vez, les permite generar o producir justicia y libertad en sus ambientes.
21. Si son justos y libres y, si en consecuencia, viven en ambientes de justicia y de libertad, ustedes son pacíficos y sus ambientes son de paz.
22. Paz, justicia y libertad, son consecuencias de la unidad y la unidad es fruto del amor.
23. Recuerden: el amor es de Dios, porque Él es Amor.
En consecuencia, para que todo sea como Dios es y quiere, requiere que Dios esté. Y Dios está únicamente en personas y en ambientes vírgenes o de virginidad.
24. Para ser vírgenes oren.
25. Oren, oren, oren…
Oren siempre.
Sean oración.
26. Imiten a María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen.
