Lección 830 Admiren, no critiquen como habito

Leccion Numero

830

Lección

No. 830

Admiren, no critiquen como hábito

 

  1. Hay perfeccionistas que han ideado un calibre de perfección para todo; que lo llevan siempre y que siempre lo usan en todo y para todo.

  2. Los perfeccionistas sólo tienen tiempo y ojos para descubrir imperfecciones. Para ellos, hasta Dios sería perfecto, si no tuviera la impección de amar.

  3. Para el perfeccionista criticar es una necesidad exigente, porque su calibre no halla nada qué admirar; para él todo es imperfecto.

  4. Ustedes no sean perfeccionistas. Procuren ser perfectos como el Padre celestial. Lo cual es diferente.

  5. El perfeccionista tiende a convertirse en un obsesivo-compulsivo que todo lo destruye porque para él, nada es perfectible.

  6. El perfecto, como el Padre celestial, logra esa perfección, porque al sacar sus impurezas, las reemplaza por la pureza o perfección de Jesucristo -que es el amor- en la que caben las imperfecciones del otro y las suyas propias.

  7. Admitiendo la perfección de Jesucristo, se admiten las imperfecciones del otro y las suyas propias; las cuales son perfeccionadas por la perfección de Cristo. El amor transforma y purifica lo imperfecto.

  8. Estas reglas invierten el proceso corriente de perfección, amoldándolo al estilo de Jesucristo, para obrar en consecuencia.

 

"Incorporándose Jesús le dijo: "Mujer, ¿Dónde están? ¿Nadie te ha condenado?" Ella respondió: "Nadie, Señor". Jesús le dijo: "Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más". (Juan8,10-11).

       9. Dios ve en lo profundo y jamás apaga la mecha que humea; porque como el Salvador, vino a salvar, no ha condenar.

     10. El perfeccionamiento todo lo destruye. Porque su meta no es salvar, sino encontrar una perfección que se ajusta a los esquemas ideados por él y, mientras eso no se dé, todo debe caer bajo su juicio maniqueo.

     11. El Único Santo, que es el Santo de los santos, les ha dado una medida de perfección, la máxima, no a la medida del hombre, sino a la medida de Dios Padre:

 

 

"Sean perfectos como el Padre celestial". (Mateo 5,48)

 

      12. A tiempo con la anterior medida de perfección, Jesús les dio los medios propios para la perfección:

a. "El que me ha visto a mi, ha visto al padre" (J 14,9)

b. "Yo estoy en el Padre y el Padre está en mi" (J 14,11)

c. "Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mi y yo en él, ese da mucho fruto; porque separados de mi no podéis hacer nada" (J. 15,5)

d. "El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama" (J. 14,21)

e. "Si alguien me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él" (J. 14,23)

f. "El que creen mi, no cree en mi, sino en aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mi no siga las tinieblas: (J. 12,44). El que cree en Jesucristo lo alberga. Para albergarlo hay que ser virgen.

g. "Se levantó un legista, y dijo para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿Qué debo hacer para tener en herencia la vida eterna?. El le dijo: "Que está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Respondió: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo". Díjole entonces: "Bien has respondido. Has eso y vivirás". (Luc. 10, 25-28).

Solo así se puede ser perfecto, porque solo así se puede tener a Jesucristo, el Santo, el Perfecto, en igualdad de perfección con el Padre.

    13. Sean vírgenes.

    14. Oren, oren oren...

Oren siempre.

Sean oración.

    15.Imiten a María Santísima, la inmaculada concepción y siempre virgen, Madre, maestra y Modelo para ustedes.

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