Lección 26 Persistan.
Leccion Numero
Lección
N° 26
Persistan.
- No se cansen.
- No se desanimen.
- Sigan adelante.
Sépanlo:
- Tropezarán con incalculables obstáculos, con infinitos tropiezos.
- Caerán. No una, mil veces tres.
Pero sigan. Vayan adelante, como los atletas.
- Incorpórense.
- Avancen.
Para eso:
- Oren.
- Oren.
- Oren.
- Oren al Padre.
- Oren al Hijo.
- Oren al Espíritu Santo.
- Oren con María, la Inmaculada Concepción.
- Oren como Ella.
- No dejen de orar.
- No se cansen de orar.
- Sean estados de oración.
- Sean oración.
- No sean ilusos.
El iluso cree en el triunfo definitivo de cada uno de sus pasos, y se instala.
El paso siguiente, por eso, trae desengaños, al sentir que se es débil y frágil; que se tropieza y cae.
Y, sobre todo, después de hacer alardes de virtud y santidad.
- Sean humildes. Si lo son, no corren el riesgo de instalarse.
Si se reconocen pecadores e inútiles, tienen una visión clara del estado normal de impotencia de ustedes. Esa certeza les permite pedir mi protección; la ayuda nuestra. Esto, da persistencia. Esto es: capacidad renovada de insistir en el avance, en la lucha, en el esfuerzo.
Deben saber, ustedes, con claridad; que no tienen garantía contra el desánimo fuera de la incalculable fuerza del Espíritu Santo.
- Levántense, no obstante, el fracaso de hoy y la caída.
Mientras vivan, como humanos, en esta realidad dual, de cuerpo y alma, la constante es el fracaso momentáneo, y las caídas.
Todos han caído, a excepción de María, la Inmaculada Concepción, por haber sido preservada de ello, por la gracia del que Es.
Los llenos de Dios, esto es, los Santos, se han puesto en pie y han avanzado.
Muchos ha reincidido, no una, incontables veces.
Pero, movidos por mi Espíritu, se han levantado, al igual que su Maestro, y han seguido. Esto es: han avanzado hacia Mí, al Santo de los Santos.
- No se desanimen, pues; porque a veces sientan desanimo.
Desanimarse es lo normal.
Reincorporarse es lo sobrenatural y providente.
Tras o, en cada desánimo, pidan mi ayuda y la tendrán.
- No se avergüencen y frustren por sentirse débiles, impotentes, llenos de desánimo.
Eso es normal, todo, en el mundo, es normal.
Acaece, porque es propio del natural del hombre.
Para lograrlo:
Oren. Oren. Oren.
Hoy, tú mismo, has sentido un profundo desaliento.
Te comprendo, Yo comprendo a quienes eso sienten.
Es normal.
Pero, para liberarse, no hay otro medio que la oración.
- Oren, pues, como está dicho.
- Oren sin descanso.
- Oren día y noche, dormidos y despiertos.
- Oren al Padre.
- Oren al Hijo.
- Oren al Espíritu Santo.
- Oren, oren, Oren, y serán reanimados e impulsados a seguir, por el Espíritu Santo.
- No crean que tropezar, caer, sentirse débiles e inútiles, es señal de fracaso de la acción salvífica de Dios, en ustedes.
No.
Señal es de que son débiles y frágiles.
Nada más.
Pero, al mismo tiempo, es signo de que hay una fuerza redentora de contraste.
Si caen, levántense, movidos por la fuerza de mi Sangre, del aliento vital del Espíritu Santo y de la mirada viva del Padre.
- No crean en la perpetuidad de sus caídas y fracasos.
- Crean y piensen en la resurrección, que es el modo de salir de todos los fracasos, incluso de la muerte temporal.
- Crean esto, si míos son ustedes.
Si en ustedes estoy Yo.
- No se cansen.
- Avancen.
- Vengan a Mí y sigan en Mí.
