Lección 233 La Ascensión del Señor y la Asunción de la Santisima Virgen son dogmas.
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Lección
No. 233
La Ascensión del Señor y la Asunción de la Santísima Virgen son dogmas
1. No se concibe el cielo si Dios no está. Sin Dios no hay cielo. El cielo verdadero es Dios.
2. Dios es vida. La verdadera vida. La vida es acto puro o acto en activa y activísima actividad.
3. Vivir es ascender en plenitud. Esto, es un estado proceso o sea que no se trata de líneas fijas; sino de líneas en movimiento. No son líneas paralelas. Son líneas divergentes.
El más lógico y explicable ejemplo son los ríos. En sus nacimientos son menos anchos que en su meta. Pero en su curso, aunque en movimiento creciente y ascendente, la corriente es estable. Nunca se interrumpe porque, entonces, dejaría de ser lo que él es.
4. Solo se está en Dios cuando Dios está y cuando Dios está, en El, se crece. Esto es ascender, subir a El, o subir al cielo, que es igual.
5. El hombre fue creado para ser feliz eternamente. Esto se ha afirmado y esto es cierto.
6. Solo se es feliz cuando se está en Dios; cuando Dios está en el hombre.
7. Adán y Eva, en cuerpo y alma fueron creados y colocados por Dios, para estar en Dios. Esto es, fueron creados en el paraíso, para estar o vivir en él, y para disfrutar de lo de él.
El paraíso o cielo, no tiene sentido sin Dios. Por eso, el paraíso o cielo, en el cual y para el cual, el hombre fue creado, es Dios.
8. El pecado de los primeros creados o padres (Adán y Eva) cortó la presencia de Dios en ellos y, por eso, fueron desterrados, porque sin Dios no hay paraíso.
9. Volver a Dios o paraiso, no es posible, para el hombre, por sus propios medios. Solo con la acción de Dios se puede retornar.
10. El hombre fue creado en cuerpo y alma, para vivir en Dios.
Esta es, por tanto, la forma como se llega a la plenitud de Dios: en cuerpo y alma.
11. Lo primero que el pecado divorció al divorciar de Dios al hombre, fue el alma del cuerpo. Así surgió la muerte transitoria, ausencia o dormición.
12. Solo la misericordia de Dios puede rescatar al hombre y retornarlo a El, llegando o viniendo, El, al hombre.
Esta es la acción de Jesucristo. Una acción de rescate o salvación.
13. la acción de Jesucristo, verdadero Dios, solo era posible, haciéndose también, El, verdadero hombre.
14. La naturaleza humana de Dios, como verdadero hombre, es el puente que hace posible, el paso del hombre, de su destierro, al paraíso, cielo o Dios.
15. Sin Jesucristo o fuera de El, por lo mismo, no hay posibilidades de rescate o salvación.
Jesucristo, por eso, es el único salvador, único camino, único puente, única salvación.
Sin Jesucristo - Dios no hay salvación.
16. Por su doble naturaleza, de verdadero Dios y verdadero hombre, es posible, en Jesucristo, el rescate del hombre, por puro amor, voluntad y liberalidad de Dios.
17. Por su doble naturaleza, reales de Dios y hombre, es concebible que, en Jesucristo, Dios verdadero, hubiese quedado en una pausa o tiempo breve, por la acción de Dios, sin Dios, el hombre real que, en El, existe.
18. Ontológicamente es imposible que Jesucristo Dios, como Dios, pudiese quedar sin Dios, porque, El, es Dios, en su unidad indisoluble y misteriosa con el Padre y con el Espíritu Santo.
Pero, como verdadero hombre, no repugna que, el verdadero Dios, se separe de El.
19. El hombre solo está en Dios cuando Dios está en él. Y, cuando Dios está se asciende en Dios; porque Dios es vida, la vida perfecta o plena. Y la vida es acto puro o actividad activa. Por lo mismo creciente y ascendente.
20. En Jesucristo, el verdadero hombre, en su naturaleza humana, pudo quedar sin Dios (eso no repugna) y crecer o ascender en Dios, por el querer y acción de Dios.
21, Jesucristo, como Dios, en ningún instante podía o puede quedar sin Dios. Eso es ontológicamente imposible; porque, El, es Dios, y no puede haber Dios sin Dios.
22. El verdadero hombre, en Jesucristo, engendrado, en El, para ser puente o camino de salvación para el único camino, puente o medio de salvación, para el hombre, al ser desprendido o desgarrado del verdadero Dios (para rescatar al hombre, doblemente desgarrado, por el pecado original, de Dios, primero y de él, en sí, en su doble sustancia: cuerpo y alma) y, al reencontrarse y reunificarse, por sus propios medios, como Dios, en El, al mismo tiempo, por sus propios medios ascendió en Dios, con su doble naturaleza (hombre y Dios) y, por lo mismo, con su cuerpo de hombre y con su Espíritu de Dios.
23. En Dios se sube; porque Dios es vida (es la vida) y la vida no es quietud; por tanto no es una entidad plana y rígida.
24. Subir al cielo, es subir en Dios; porque el cielo sin Dios no existe, como tal. Por tanto, el cielo verdadero o paraíso, al cual el hombre llega, en su integridad de cuerpo y alma, es Dios.
Subir al cielo es subir en Dios. Para subir en Dios, la primera realidad y única es, que Dios esté o que, El, como Dios, se acerque al hombre, por su propia voluntad, liberalidad y gracia.
25. El gran secreto de la salvación está en la doble naturaleza real que hay en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.
Sin el verdadero hombre, en Jesucristo, junto al verdadero Dios, el hombre no sería salvado.
Cierto es , por tanto, que sin Dios no hay salvación; porque Jesucristo, el Salvador resucitado, por su propia acción, es Dios verdadero, en unidad indivisible, misteriosa, esencial y única con el Padre y con el Espíritu Santo.
26. Solamente por la acción, en Jesucristo, de su realidad de Dios sobre su realidad de hombre, el hombre pudo alcanzar la posibilidad de ser salvado.
Jesucristo es el único Salvador.
27. Ser salvado, escatológicamente, es ascender al cielo; esto es, en Dios, en cuerpo y alma, como fue el estado inicial del hombre, en sus primeros padres. En Adán y en Eva.
Esto se cumple o cumplirá en la plenitud de los tiempos.
El estado - proceso de salvación de cada hombre termina cuando el cuerpo y el espíritu de cada hombre, se reúnen en Dios, por la salvación de Jesucristo, retornando, así, al estado de plenitud en la vida de Dios, para el cual el hombre fue creado.
28. El único que, por sus propios medios, podía resucitar de la muerte transitoria y ascender al cielo, era o es Jesucristo, por ser, al mismo tiempo que hombre verdadero, Dios verdadero. Y solo en Dios se sube y solo Dios eleva.
29. El cuerpo verdadero de Jesucristo - como hombre verdadero, al ser reencontrado por su propio Espíritu de Dios verdadero, tenía que ascender en Dios y no por otros medios que los suyos propios como Dios.
La ascensión del Señor Jesucristo resucitado, al cielo, es un dogma.
Para Dios nada es imposible. El, en Jesucristo, como Dios, ni murió ni estuvo ausente; por eso, al estar separado realmente, durante una breve pausa o tiempo breve, del cuerpo verdadero del hombre verdadero de Jesucristo. Al retornar en El, al cuerpo, lo elevó elevándose así mismo por su propia acción.
Esto, ontológicamente, no es un imposible. Para Dios nada es imposible.
30. Si Dios está, se vive y si, la vida que se vive es la de Dios, en ella se asciende. Estar o vivir en Dios es subir. No repugna que quien está en Dios ascienda o suba al cielo; porque no hay cielo sin Dios. El verdadero cielo o paraíso es Dios.
31. María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, siempre estuvo en Dios. Por una gracia de excepción, única o insólita, no fue alcanzada por el pecado original. Por eso es la Inmaculada Concepción.
Este es un dogma. Así es.
Por no haber tenido pecado original, es la Inmaculada y siempre Virgen. Por ser virgen, siempre Dios estuvo en Ella. Por estar Dios, en Ella, la muerte o desgarramiento de Dios y desgarramiento, como consecuencia, del cuerpo y del alma de cada hombre, no podía humillarla. Por eso, su presencia en Dios y de Dios en Ella, anticipó la plenitud del estado escatológico del hombre, para la consumación o plenitud de los tiempos (juicio final): su asunción al cielo.
Ella no es Dios. Ella no podía elevarse en Dios. Pero Dios en Ella, si pudo elevarla; porque para Dios nada es imposible.
La asunción o elevación de la Santísima Virgen, por la acción, querer y voluntad de Dios, al cielo, en cuerpo y alma, es un dogma o verdad indiscutible, indubitable, cierta.
32. María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, por la acción y la presencia de Dios en Ella, está en el cielo o sea en Dios, en cuerpo y alma, como en su tránsito humano, por la tierra.
Esto, que para ustedes es incomprensible, para Dios es real y, en El, es cierto.
María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, está viva, en cuerpo y alma, aquí y ahora; porque en Dios y para Dios nada es imposible.
33. Crean. Crean. Crean.
Crean esto. Créanlo y confiésenlo.
